Cuando empecé a dar clases a estudiantes
debo confesar que no estaba consciente de la complejidad del oficio de
profesor. Sé es joven y tienes mucha
energía para exteriorizar y muy poca visión para reconocer verdaderos talentos
propios, sobretodo si se presentan cuando no los esperabas. Sigo siendo profesora porque me gustó esa
complejidad que encierra una comunidad de aprendizaje… y pese a la palabra,
debo decir que en realidad el aula se convierte en un espacio donde se
des-aprende y entonces, realmente somos una comunidad de des-aprendizaje y
aprendizaje, una comunidad que funciona en esa dicotomía a ritmos diferentes y,
asombrosa e intermitentemente, coincidiendo... como si se tratara de pequeños
milagros sociales.
Al pasar de los años, empiezo a ya no echar
tanto de menos la juventud que tenía… e implícitamente, esa in-consciencia que,
a la larga, rebasa más el perjuicio de detener nuestra reflexión antes que
reconfortarnos por unos convenientes ratitos.
En este punto de verdadera consciencia, totalmente cruda- pero no por
ello menos bella – empiezo a experimentar vinculaciones inesperadas – pero esta
vez muy bienvenidas – que le dan sentido a todo lo que he vivido hasta hoy y
que difícilmente se podrá entender con palabras bien articuladas: el dibujo como sismógrafo sensible de las
travesías, el arte como un modo de entender el día a día, las evidencias de una
historia como parte de una colección que da valor, la extensión de una vivencia
en lo inamovible, la adaptabilidad de la expresión como rasgo de la evolución
humana… etcétera… etcétera… etcétera.
Y de pronto, esto se debe volver
comunitario, para contagiar el des-prendimiento, el des-aprendizaje, el
des-apego de esa juventud atropellada y ya no tan añorada.
Hoy, cuando doy clases a estudiantes, estoy
más consciente de la complejidad y la humildad que debo tener para enfrentar
que no la sé por completo… y sigue siendo una profesora frente a un grupo. Ya no tengo la energía que ahora tienen mis
estudiantes, pero tengo la visión para reconocer un poco más de talentos
propios y ajenos… y de alguna manera, darles la bienvenida, esperando que esa
sincronicidad nos encuentre seguido como comunidad, sembrando… cuando es tiempo
de sembrar… esperando, cuando es tiempo de esperar… escribiendo, dibujando,
hablando…
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